La cocina que inspira, la cocina que transforma, la cocina que conmueve. Son las cocinas que practicaba Marie-Antoine Carême, el primer cocinero estrella de Francia y, por tanto, del mundo. A partir de su figura y de sus recetas y forma de entender los sabores y los alimentos han creado Carême, chef de reyes (en Apple TV+ desde el 30 de abril lo dos primeros episodios y cada miércoles uno nuevo), una serie francesa de gran producción, abierta a paladares históricos y de ficción.
En L’art de la cuisine française, un trabajo en cinco tomos que Carême escribió poco antes de morir, y en los que resumía todo su conocimiento y habilidad, filosofía y gustos, certificó que era uno de los padres de la llamada haute cuisine, la alta cocina francesa que se alzó como la reina de las cocinas europeas y conocidas en el siglo XVIII y XIX, un altar en el que aún destacan los vecinos galos.

Mucha culpa tuvo este hombre que se puso al mando de los fogones más exigentes de su tiempo, cocinando para reyes, príncipes, nobles y zares, se lo rifaban en las cortes europeas por su ingenio, por su inventiva y por su falta de escrúpulos a la hora de saltarse las normas culinarias imperantes hasta ese momento. Le llamaban “el rey de los chefs” y “chef de reyes”.
“Era un hombre joven e increíblemente creativo, en el segundo episodio vemos cómo cocina un plato de carne sin carne, sirviéndose sólo de las verduras que tienen en ese momento”, cuenta Martin Bourboulon (Los tres mosqueteros, Eiffel), director de los tres primeros capítulos de los ocho en total que componen la primera temporada de Carême y en la que da tiempo a ver el auge del cocinero y también la coronación de Napoleón como emperador, cuyo banquete sirve este reputado chef, el primero, de hecho, que se hizo llamar así, chef, y que llevó, para destacar entre el resto de cocineros y pinches, un gorro alto.
Benjamin Voisin (Verano del 85, Las ilusiones perdidas) interpreta a un joven Carême, deslenguado y atrevido, cuando aún trabaja en la pastelería en la que se formó y de la que salió a palacios. En los dulces encontró siempre su rincón, aunque en seguida aplicó toda su libertad creativa y exigencia de procesos al resto de los platos y también al propio arte del servir.
“Un país es su comida, su arte y su lengua”, dice este Carême interpretado por Voisin cuando le mandan a convencer al rey francés en el exilio de que abandone su sueño de volver a una Francia con sueños republicanos asediados por las ambiciones napoleónicas. “El reto era cómo combinar y equilibrar la parte histórica y la ficción de la vida de Carême”, explica Bourboulon.
Basada en la novela biográfica Cooking for Kings: The Life of Antonin Carême, the First Celebrity Chef, de Ian Kelly, la serie se mueve entre los hechos y personajes históricos y una ficción novelesca que llena la trama de amores, deseos, y ricas recetas inspiradas en las de la época, aunque con una pequeña vuelta moderna para la que han contado con cocineros actuales de la prestigiosa escuela Ferrandi.
“La cocina está en el centro, pero es también metáfora del poder político, de la diferencia de clases. Hay amor, sexo, placer, drama y hemos cuidado mucho, por supuesto, todo el rodaje de la comida”, continúa el director quien se acuerda de películas recientes, como A fuego lento, como referencia para rodar a los cocineros y ayudantes moviéndose por enormes cocinas palaciegas.

Dónde se rodó ‘Carême’
Bourboulon venía ya con los deberes hechos de sus anteriores películas de época, el díptico de Los tres mosqueteros y Eiffel, con las que pudo recorrerse muchos de los châteaux y casas nobles de París y alrededores que le facilitaron la elección de espacios, siguiendo, además, en la medida de lo posible los lugares reales por los que pasó el célebre cocinero.
Es el caso, por ejemplo, del castillo de Gallifet o el de Chantilly, donde rodaron algunas de las secuencias. También vemos Tullerías, cuya cocina en la ficción recrearon en el de Chantilly. Y otras, como la de Gallifet, la que más sale en la primera temporada, la construyeron a medida de personajes y cámaras en estudio.
En el parque de Saint-Cloud, un precioso jardín de fuentes y esculturas cerca de París, rodaron la gran escena final del banquete imperial y detalles de paseos entre naturaleza.




